Revista Escala 233 – Niños / Ciudad / Cultura / Espacios Pedagógicos

La intención original de este número de ESCALA fue la de cerrar un ciclo abierto con el número 223, centrado en edificaciones para universidades, y continuado con el número 230 que se ocupó del Hábitat Escolar. Este, por tanto, se dedicaría a los espacios educativos para la primera infancia.

Adicionalmente, y retomando el trabajo de la edición 214-“Propuesta. Espacio para los niños”, quisimos revisar proyectos urbanos y de arquitectura dedicados a la primera infancia. Resultó difícil encontrar edificaciones, diferentes a jardines infantiles o preescolares, en el que los niños hicieran parte de la reflexión central o de las ideas con las que cuales fueron concebidos. Incluso fue difícil encontrar espacios de recreación para niños.

Afortunadamente encontramos muy buen material escrito con reflexiones diversas sobre el espacio habitable, la conservación y transmisión de técnicas, las iniciativas de trabajo de sensibilización de los menores con la ciudad y el espacio habitable, del cual obtuvimos una excelente selección que conforma buena parte de esta edición.

Este proceso de búsqueda y selección puso de nuevo sobre nuestra mesa las inquietudes hace unos años sobre la manera en que hacemos ciudad y concebimos los espacios habitables que incluyen a los niños: ¿Qué aporte real tiene la arquitectura actual a la construcción del espacio habitable para vivir la infancia? ¿Cómo contribuye la arquitectura actual a la construcción de un hábitat en el mundo, de un ser en el mundo, como diría Heidegger? ¿Cómo es que, desde la arquitectura y el urbanismo, construimos un mejor mundo?

Políticas educativas nacionales y locales centran sus esfuerzos en la primera infancia, entendiendo la importancia de mejorar la educación y atención a los más pequeños como base de su educación formal y su formación como ciudadanos; y, esencial para nosotros, entendiendo que la arquitectura es parte imprescindible de los procesos pedagógicos.

Esas ideas se hacen evidentes en los proyectos de centros educativos para primera infancia adelantados por el programa de Cero a Siembre del Gobierno Nacional y el Programa Buen Comienzo en Medellín, cuyos proyectos se basan en dar respuestas a las particularidades regionales y su entorno geográfico y cultural. Adicionalmente se discute y plantea la necesidad de apostar por espacios educativos flexibles, cambiantes, integradores, que ayudan a fortalecer competencias sociales a partir del trabajo colectivo y participativo.

Es de esperarse que, hablando de arquitectura para niños, haya propuestas para jardines infantiles y preescolares. Pero nos queda pendiente el mismo esfuerzo en otro tipo de edificaciones y en la escala urbana. La vivienda no contempla la existencia de los niños, ni en las posibilidades y necesidades de estos en los espacios de la unidad de vivienda, ni en los espacios colectivos, apenas dotados con unos grotescas juegos estandarizados; menos aún se piensa en las relaciones urbanas. No conseguimos espacios culturales, de salud, ni siquiera de recreación que exploren de manera específica las posibilidades espaciales, materiales, funcionales que atiendan, incluyan o se relacionen con los menores.

El reto debe estar en apartarse del proyecto arquitectónico prejuicioso y estandarizado, para acercarse a la escala de los niños, sus procesos de crecimiento en los espacios públicos, en las viviendas y en los espacios colectivos y públicos a los que tiene acceso. Responder adecuadamente a los modos de habitar de los niños y sus requerimientos y necesidades espaciales, incluyendo accesibilidad y seguridad.

El crecimiento acelerado de las ciudades, la violencia, la percepción de inseguridad y la cultura del miedo, el malentendido funcionalismo y la economía de consumo nos han alejado de espacio urbano y del disfrute colectivo del entorno construido. Mirando a los procesos políticos económicos y sociales de la región, y en particular los colombianos, es fundamental plantearse cómo los espacios urbanos, colectivos y privados aportan a la construcción de colectividad, respeto por el otro, inclusión, tolerancia, ciudadanía de cara al post conflicto del proceso de paz. ¿Cómo recuperar la vocación de la ciudad con lugares de encuentro que no resulte ajena a las nuevas generaciones? Con ellas tenemos la opción de plantearnos nuevos entornos de mayor participación, apropiación y democracia. La arquitectura tiene un enorme poder pedagógico en la trasformación social y reidentificación con el territorio, la ciudad y los espacios habitables colectivos y privados.

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