Arquitecto Balkrishna Doshi, premio Pritzker 2018

Celebro que el Pritzker haya reconocido la obra de Balkrishna Doshi este 2018 por varios motivos:
– la calidad de su obra.
– la valoración de la fuerza poética de la tectónica más cruda.
– el énfasis en la exploración como voluntad de vida, sin renuncias ni copias ni limitaciones ni fingimientos ni dogmatismos ni vergüenzas ni estridencias.
– la visibilidad didáctica que previsiblemente tendrá esta arquitectura tan serena como contundente, tan universal como enraizada en las tradiciones que la preceden, tan cuidadosamente articulada como tecnológicamente “domesticada”, sin “refinamientos” fingidos ni reclamando conmiseración alguna por la rudeza de las condiciones en y para las que se genera.
– la cachetada a mis prejuicios sobre la capacidad del actual jurado.
– la conclusión del “círculo de las estrellas”, premiando a un maestro que no pertenece ni busca a él.
– el reconocimiento, por intermedio de Doshi, alumno y colaborador de ambos, de Le Corbusier y Kahn, presentes en todo lo que vemos y hacemos hoy en día.
– el reconocimiento a una generación de arquitectos fundamental para el desarrollo del legado del siglo XX y su proyección hacia el siglo XXI; sobre todo después de demasiados e inexcusables olvidos (Aymonino, Bawa, Correa, Dieste, Fathy, Iglesia, Lelé, Salmona, Smithsons, Tavora, Vachinni o Van Eyck, entre otros; los nombro en orden alfabético para evitar cualquier otra jerarquía).
– la inclusividad de su sentido de sostenibilidad, que comienza por el de responsabilidad social; Doshi trabajó la “vivienda progresiva” bastante antes de que la “inventaran” arquitectos más jóvenes que lograron mayor difusión, aunque la hayan manejado de modo bastante más “elemental”.
– que quizá con este reconocimiento se salden deudas con los maestros y se comience a reconocer generaciones más recientes; sugerí como posibles ganadores, sabiendo de la poca posibilidad de que lo lograran, a Chipperfield y Holl; hoy incluyo en ese “line-up”, igual en orden alfabético, a Baeza, Byrne, McKay-Lyons, Shinohara, Stutchbury, Rich, entre otros.
– la posibilidad de completar esta especie de “conjuro asiático” (5 de los 9 más recientes premios han ido a ese continente) y se mire y reconozca la escena ibero-americana como, otra vez alfabéticamente, trabajos como los de AL BORDE, Añaños, Brasil Arquitetura, Benítez, del Sol, Kalach, Mignucci, Stagno, Rocha-Iturbide o Vélez por sólo mencionar algunos nombres.

INSTITUTE OF INDOLOGY
Ahmedabad, India
1957-62

ESCUELA DE ARQUITECTURA
Ahmedabad, India
1962

VIVIENDA SOCIAL “ARANYA”
Indore, India
1989

AMDAVAD NI GUFA ART GALLERY
Ahmedabad, India
1989

INDIAN INSTITUTE OF MANAGEMENT
Bangalore, India
1977-92

Quizá, en resumen, porque esta decisión recupera el prestigio de un premio que, cuestionable y relativo, como todos, sigue siendo una referencia tanto para arquitectos en ejercicio como, quizá más fundamental, para quienes se están formando y porque esta mirada que parece como hacia atrás implica una profundización en el presente que apunta a mejores futuros que, para ser plenos, deben ser varios, inclusivos y tan diversos como quienes los construyen

Y porque nos obligará a conocer más de la obra de este arquitecto que crece cada vez que intentamos explorarla con algo más de profundidad

¡Ave a la buena arquitectura y los momentos que nos permiten celebrarla!

Arq. Enrique Larrañaga
ealv21@gmail.com

Fotos: archivo VSF / Fundación Pritzker