Día del Arquitecto. Por Fundación Arquitectura y Ciudad

DÍA DEL ARQUITECTO

El pasado miércoles 4 de julio se celebró en nuestro país el Día del Arquitecto. En tiempos de redes sociales sorprende la cantidad de mensajes de todo tipo, felicitaciones o recordatorios que traducidos en imágenes, textos o animaciones, unos más convencionales y otros más creativos, se pusieron a circular dando cuenta de una efemérides que por pura casualidad coincide con el aniversario de la declaración de independencia de los Estados Unidos de América hecho que, en ocasiones, también ha traído a colación otra clase de remembranzas y asociaciones no muy afortunadas.

Sin embargo, aunque ya se haya registrado por diferentes medios, artículos o escritos, consideramos conveniente, a raíz de la decisión tomada aquel 4 de julio de 1945 por Rafael Bergamín (1891-1970), Luis Eduardo Chataing (1906-1971), Cipriano Domínguez (1904-1995), Enrique García Maldonado (1905-1990), Heriberto González Méndez (1906-1992), Roberto Henríquez (1905-1990) y Carlos Raúl Villanueva (1900-1975) de fundar la Sociedad Venezolana de Arquitectos (SVA) en acto celebrado en la sede del Colegio de Ingenieros de Venezuela, volver a repasar algunas de las circunstancias que han acompañado la aparición y consolidación de un gremio al cual se le ha hecho muy difícil posicionarse de forma sólida dentro de la estructura socio-político-cultural venezolana. Para ello no hemos encontrado mejor punto de apoyo que el artículo introductorio de la edición dedicada a los “65 años de la creación de la SVA”, publicado en la revista entre rayas nº 84, meses julio-agosto 2010 escrito por Lorenzo González Casas y Henry Vicente (http://entrerayas.com/2011/07/la-sociedad-venezolana-de-arquitectos/), cuya vigencia tras casi una década es plena, así como también lo es el interés permanente por dicha publicación y su director Jesús Yépez en no olvidar año a año la importancia del acontecimiento.

Tal y como relatan González Casas y Vicente, la conformación de gremios profesionales, cuyo origen se remonta a épocas tan remotas como el siglo XI, arropados más recientemente bajo el concepto de “capital social”, tiene en la creación de la SVA la oportunidad de ser puesta en evidencia a raíz de un hecho muy significativo: buscar “el reconocimiento de una profesión poco conocida en el país y una demostración -observando en retrospectiva la magnitud de sus logros- de la importancia de la actuación colectiva; del valor del asociacionismo”.

La arquitectura ya había comenzado a dar señales de buscar agremiarse desde el siglo XIX, particularmente en Francia conformándose primero sociedades (como la pionera Societé Centrale des Architectes, creada en 1840) transformándose poco a poco en Colegios profesionales, hecho que en España acontece entre 1929 y 1931.

En Venezuela, la más importante referencia a la iniciativa impulsada por los siete fundadores de la SVA, no es otra que la constitución del Colegio de Ingenieros de Venezuela en 1861, el cual fue “concebido como órgano de consulta al servicio del Estado, y recibió un impulso notable con la creación del Ministerio de Obras Públicas, en 1874, lo que le permitió consolidar su rol de asesor de las obras ejecutadas por ese Ministerio” y su poder e influencia sobre todas aquellas profesiones “afines” que como la del arquitecto aún no contaban con espacio dentro de la enseñanza universitaria formal, hecho que redundará en el tiempo y explicará muchas de las vicisitudes acaecidas cuando la decisión de agremiarse independientemente se toma. Como otro dato de importancia se registra que la Escuela de Ingeniería es creada en 1895 y la autorización de otorgar el título de arquitecto se asocia a ella a partir de 1897 como complemento obligatorio a los estudios que ya se realizaban para entonces en la Academia de Bellas Artes. Por otro lado la Sociedad Venezolana de Ingenieros Civiles se funda en 1891 y la Sociedad Venezolana de Arquitectura y Construcción (claro precedente de la SVA) en 1895.

En 1925 apareció la Ley del Ejercicio de las Profesiones de Ingeniero, Arquitecto y Agrimensor y posteriormente, en 1936, debido a “la llegada de arquitectos extranjeros y el regreso de profesionales venezolanos formados en el exterior, se produjeron decisiones del Colegio de Ingenieros de Venezuela para facilitar el proceso de acreditación de los estudios de estos profesionales”, derivando en la definitiva diferenciación disciplinar con la creación de la Escuela de Arquitectura de la UCV en 1941, que inicialmente se limitó a la organización de programas de estudio y a la tramitación de títulos obtenidos por arquitectos en universidades extranjeras, para luego, “degradada” a Departamento de la Escuela de Ingeniería, iniciar en 1944 las labores docentes funcionando así durante dos años. Ante tanto vaivén, Arquitectura lograr adquirir en octubre de 1946 nuevamente el estatus de Escuela, esta vez adscrita (a la par que la de Ingeniería) a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas. En 1948 egresa la primera promoción de 11 profesionales y en 1953 se crea la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) que nace con la de arquitectura como única escuela.

1945, año que marca el fin de la Segunda Guerra Mundial y registra grandes cambios tanto a nivel nacional como internacional, ve cómo son recogidos en unas pocas líneas los fundamentos de la asociación gremial que da origen a la celebración del 4 de julio. En un alarde de magistral síntesis, los fundadores de la SVA suscriben un breve documento manuscrito que plasma los fines totalmente vigentes del organismo recién creado: “Dar impulso al estudio y desarrollo de la Arquitectura; cultivar la ética profesional; establecer vínculos de unión entre sus miembros y propender a la defensa y mejoramiento de la profesión”. La primera Junta Directiva de la Sociedad estuvo compuesta por Carlos Raúl Villanueva (Presidente), Luis Eduardo Chataing (Vicepresidente) y Heriberto González Méndez (Secretario). El año siguiente se realizó la constitución formal de la SVA en la Oficina de Registro Público. La Junta Directiva, que sustituyó a la Junta original, estaba compuesta por Carlos Guinand Sandoz como Presidente, Cipriano Domínguez como Vicepresidente y Heriberto González Méndez, una vez más como Secretario. A lo largo del tiempo, “los siete”, con la excepción de Bergamín (el único arquitecto extranjero de entre ellos) y García Maldonado, ocuparon puestos directivos de la Sociedad.

La febril y a la vez eficiente actividad desarrollada por los miembros fundadores y primeros agremiados dentro de la SVA puede resumirse en “el crecimiento del número de afiliados a la Sociedad y la ampliación de sus esferas de actuación” pasando de “204 miembros de número, 31 miembros afiliados y 3 miembros honorarios” en 1959 a 375 miembros en 1964. También lo atestigua la ampliación de su estructura organizativa, el empeño puesto en la regularización y fortalecimiento de los estudios de arquitectura (que, como ya se dijo, despegan definitivamente en 1946 gracias a su empuje), la participación en numerosos eventos internacionales, la incorporación a organizaciones de carácter mundial y regional, la activa participación en la organización de concursos, el lanzamiento en 1958 de la revista SVA (alcanzando 20 números hasta 1965) y la realización en 1963 de la primera Bienal Nacional de Arquitectura y el otorgamiento en su marco del primer Premio Nacional a Carlos Raúl Villanueva por el conjunto de su obra.
En 1966, con la meta fundamental de darle sentido a lo que ya en 1959 Heriberto González Méndez proponía en la Primera Convención Nacional de Arquitectos como una necesaria colegiación, la SVA se transforma en el Colegio de Arquitectos de Venezuela (CAV) y en homenaje a aquellos siete fundadores, se decide decretar el 4 de julio como el Día del Arquitecto en el país.

La historia del CAV está aún por escribirse. Ella recogería con toda seguridad momentos de gran entusiasmo, otros de palpable decadencia y, como constante, la inercia de lo adelantado durante 21 años por la SVA y el desinterés de sus agremiados por las actividades por él desarrolladas, arropadas en exceso de énfasis en lo gremial y lo social y mucho menos en lo cultural, lo intelectual y lo disciplinar. La frustrante posibilidad de lograr la verdadera colegiación todavía se mueve en terrenos pantanosos e inciertos donde los intereses de la ingeniería aún predominan, pese a que la Ley del Ejercicio de la Ingeniería, Arquitectura y Profesiones Afines promulgada en 1958, se tornó en instrumento auspicioso sobre el cual, sin embargo, se han dado pocos pasos en firme a favor de la autonomía de las competencias propiamente arquitectónicas.

Como testimonio de los altibajos de 52 años de vida del CAV surgen datos como los siguientes: las Bienales Nacionales (12 hasta la fecha) se han espaciado en el tiempo perdiéndose el sentido de su denominación; la revista CAV registra la aparición desde 1966 hasta la fecha de 60 números con baches notables de continuidad; el empeño (también espasmódico) en lograr que el concurso se convierta en la vía más expedita para lograr la contratación de proyectos públicos no se ha consolidado; y la sede del Colegio ha continuado el “nomadismo” que ya aquejaba a la SVA sumando cuatro mudanzas más sin contar aún con asiento propio.

Esfuerzos los ha habido que han intentado paliar tales problemas e intentar navegar en tiempos de crisis que se traducen en la actividad desplegada a través de la realización de eventos, la amplificación de las relaciones con organizaciones de otros países o la incorporación a las redes sociales sin que ello aún el CAV logre motivar a un colectivo e incentive su participación hasta el punto que para octubre de 2016 de 5.440 agremiados inscritos, solo 144 estaban solventes.

Hoy, luego del hecho inédito que derivó en el bloqueo de las elecciones convocadas el 30 de octubre de 2016 a causa de un recurso contencioso interpuesto ante el TSJ por la actual Junta Directiva (claramente enfrentada con la Comisión Electoral Principal del CAV), pareciera que, tras la sentencia del pasado 18 de junio, se podrá convocar a la realización de comicios que permitirán la siempre deseable renovación.

Esperamos sinceramente que a pesar de las adversidades el CAV sea capaz de revisarse una vez más y se enrumbe hacia objetivos claros, de manera tal de generalizar la sensación de que el 4 de julio es un día que vale la pena celebrar.

Tomado de
Fundación Arquitectura y Ciudad
Contacto FAC 84 (Boletín)
8 de julio de 2018
f.arquitecturayciudad@gmail.com

En la foto: Los arquitectos fundadores de la SVA. De pie (de izquierda a derecha): Enrique García Maldonado (1905-1990), Carlos Raúl Villanueva (1900-1975) y Rafael Bergamín (1891-1970). Sentados: Heriberto González Méndez (1906-1992), Cipriano Domínguez (1904-1995), Luis Eduardo Chataing (1906-1971) y Roberto Henríquez (1905-1990).